
La sopa se trata de una especialidad culinaria muy antigua, puesto que su origen está en la necesidad de ablandar con agua hirviendo los alimentos más duros que no se podían masticar en crudo. Como el agua de la cocción tomaba el sabor de los productos, muy pronto se pensó en la posibilidad de consumirla como caldo.
Si bien en el mercado existen caldos ya listos que intentan simular una buena sopa, nunca serán mejores que las elaboradas de forma casera. Las sopas son fáciles de preparar y pueden llevar multitud de ingredientes, lo que permite jugar con un amplio abanico de texturas y sabores. También suelen resultar muy económicas y siempre digestivas. A continuación exponemos algunos consejos para elaborar sopas caseras con la base de un buen caldo:
- En la preparación del caldo, la sal debe colocarse al principio para que facilite y acelere la salida de los jugos.
- Al preparar el caldo se puede utilizar pollo, pero la gallina le da más sabor y aroma, incluidos los huesos. También es posible usar carnes rojas o blancas, aunque los huesos de vacuno y jamón aportan aún más sabor. En cuanto al pescado, su carne es mera guarnición, lo que realmente aporta sustancia son las partes que se desechan como la cabeza y las espinas, o pescados que no sirven para consumirlos. Con respecto a las verduras, todos los caldos deben llevar algunas de ellas. Las más humildes son las que dan más sabor como las cebollas, nabos, puerros, zanahorias, etc.
- Al cocer las verduras, el recipiente debe estar tapado. Se puede utilizar la olla a presión; con ella no solo se reduce el tiempo de cocción del caldo, sino que impide la pérdida de sabores y aromas, además de nutrientes, obteniendo un caldo más sabroso y nutritivo.
- El caldo no debe contener espuma por lo tanto se debe quitar varias veces la que se concentre en la superficie y en los bordes, con el fin de eliminar las impurezas que éstas contienen. Esta es una tarea básica para que el caldo tenga un sabor limpio y se aprecien bien sus ingredientes
- Para que el caldo resulte más ligero, se debe desgrasar dejándolo enfriar y retirando la capa de grasa que se habrá formado en la superficie. Si no hay tiempo para dejarlo enfriar, se puede pasar una servilleta de papel doblada por la superficie del caldo caliente para intentar filtrar la grasa.
- Para la conservación lo ideal es congelarlo, pero para ello primero debe concentrarse, colándolo previamente e hirviéndolo luego hasta que se reduzca a la mitad. Después hay que dejarlo enfriar y envasarlo en recipientes de tamaño adecuado. Para descongelarlo, es suficiente con introducirlo unos minutos en el microondas o cocerlo a fuego lento con un vaso de agua.
Es posible mantenerlos en el congelador hasta 3 meses, aunque esto depende bastante de los ingredientes que lleve la receta. Las sopas que incluyan pasta o arroz no toleran la congelación ya que estos productos pierden sus cualidades rápidamente tras cocinarse.