Cocinar a la plancha es algo muy común en nuestros días, y consiste en cocer comida sobre una superficie plana o con pequeños relieves que recibe calor de manera directa.

Esta técnica es ideal para hacer platos bajos en grasitud y pobres en calorías, ya que requiere cantidades mínimas de aceite o grasa para una buena cocción.
Existen unos simples pasos para lograr resultados óptimos, y son los siguientes:
Limpiar bien la superficie de la plancha: Es lo principal que debemos hacer antes de ponernos manos a la obra, es conveniente limpiar bien la superficie de la plancha para evitar que los alimentos a cocinar se mezclen con restos de otros y así adquieran su sabor.

Buena regulación del fuego: Es muy importante regular el fuego, teniendo en cuenta la naturaleza y el volumen de lo que queremos cocinar. Para las piezas más pequeñas y delgadas, es mejor poner el fuego bien fuerte para que se hagan rápidamente, en cambio, para piezas más gruesas lo más recomendable es comenzar a cocerlas con un fuego medio y luego bajarlo para que penetre en la comida y no se queme la superficie.
No cortar ni pinchar la pieza: Una vez que está cocinado uno de los lados del alimento, debemos darlo vuelta con una espátula especial para que no pierda los jugos y quede demasiado seco.
La sal va al final: Por el mismo motivo que la recomendación anterior, se recomienda no poner la sal al principio para evitar la pérdida de jugos.